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Viaje en metro

Viaje de entrenamiento por el metro de la Ciudad de México.

Una vez que viajas a través del Sistema de Transporte Público de la Ciudad de México conoces la peculiar travesía y aventura que hace el ciudadano mexicano todos los días del año en “hora pico”.

Existen diversas rutas y viajes que van de norte a sur, del este al oeste, y así, vamos viajando con la singular epifanía metafísica del ya conoció  "como es arriba es abajo”, por lo tanto, la vida de arriba entre peatones y autos es semejante a la de abajo, en la que, nosotros somos los peatones los que transitamos por subterráneos, entre vagones, escaleras eléctricas (las que sirven) y más túneles para bajar al inframundo y regresar de él, semejante al mundo de “arriba” el de las vialidades de nuestra tan querida ciudad capital.

¿Cómo convive el oficinista del comerciante que va de pie a su lado?, ¿Cómo lo hace el estudiante y el adulto mayor que logró sentarse?, ¿Qué mezcla de ruidos, olores y emociones se respira en las entrañas del metro y Metrobús de la Ciudad de México?

Hablaré de mi experiencia, soy una mujer de 23 años viajando en hora pico, pese a que procuro verme aseada y arreglada rumbo a mi destino escolar y laboral, llegar a mi objetivo un tanto desalineada se ha vuelto parte del outfit del día. No sólo eso, también he desarrollado fuerza en pies, brazos y manos ante la brusquedad con la que entramos al vagón (creo que estaré lista para entrar al equipo de fútbol americano o luchitas de mi universidad). Sin o con empujones, viajar en metro o Metrobús de la CDMX es barato, pero a veces hay un alto costo a pagar sufriendo moretones, contracciones, lesiones, pisotones, codazos y más; por curioso que parezca, al llegar a mi destino siento un alivio de sobrevivencia y este sentimiento lo percibo en solidaridad con mis colegas y acompañantes de viaje ya que es asunto de todos los días. En todo caso, hasta nos vamos conociendo, al menos de reojo, cuando nos toca viajar juntas y apretaditas, ¡qué nadie nos diga que no somos fuertes luchadoras/es y guerreras/os ante cualquier adversidad!

En el transporte colectivo comienza mi entrenamiento diario, gracias a la incertidumbre y las ganas por llegar a tiempo a costa de cualquiera. ¿Es el metro un circuito de ejercitación popular? ¿podríamos considerar que hay algo de verdad en estas palabras?; de repente nos convertimos en corredores o maratonistas de alto rendimiento cuya meta es llegar primero a la fila atrás de la línea amarilla y con suerte, entrar al tren. Nos volvemos contorsionistas o practicantes de yoga para poder ajustar nuestra cabeza al espacio diminuto entre el brazo y el codo de una persona un poco pasada en volumen corporal y pesada. Eso sí, la meditación siempre está presente ante las desavenencias de nuestros amables acompañantes pasajeros cuando podemos controlar nuestra ira a través de mantener el ritmo de la respiración: ¡inhala!…¡exhala!, sin embargo, siempre hay incidentes donde notables damas o caballeros de distintas clases sociales entre comerciantes y oficinistas, jóvenes y adultos desean arreglar sus diferencias por la falta de espacio expresándolo, (des)peinándoles con un brusco jalón de pelo ocasionando luego el arreglar sus diferencias al estilo de “guante pelado” (termino coloquial de pelear entre los participantes con los puños y manos). “Si no quieres que te toquen te hubieras ido en taxi” grita una adepta transeúnte desde nuestro convoy de limusina naranja.

Así es, viajar por el sistema colectivo, —nuestro bien amado transporte público— tiene una de las tarifas más bajas a nivel mundial. No hay duda de que nos evitamos el tráfico en las vialidades externas de esta gran metrópoli, sin embargo no nos salvamos de llegar tarde cuando surgen problemas técnicos en los trenes y autobuses. Viajar por estos medios en hora pico, nos da un gran sentido de orientación, nos movemos con astucia, nos creamos una logística apta para llegar a nuestro destino usando la lógica del mayor esfuerzo, al menor costo y en un menor rango de tiempo en comparación con el uso de un vehículo particular; nuestro transporte público de la CDMX tiene muy buena conectividad, la red del metro y Metrobús nos permite trasladarnos de un punto a otro de manera barata, fácil y rápida (varias veces).

Caminar rápido para abordar el metro, subir y bajar escaleras son ejercicios de bajo impacto, pero ejercicios que nos mantienen y nos ayudan a estar más sanos, al menos nos ayuda a tener una mejor circulación en el cuerpo.

Como usuario frecuente de estas alternativas vehiculares, he requerido levantarme al menos una hora antes para evitar los incidentes de transporte como el tráfico o incidentes técnicos dentro de las instalaciones del metro.

Al viajar por el transporte público podemos valorar la comodidad y privacidad que otorga un auto particular a costa de la incomodidad, la necesidad de transportación y el buen uso del tiempo.

¿Qué podríamos hacer para una mejor convivencia en el metro? Creo que eso es otro gran viaje temático, un viaje que incita a la reflexión. Viaja y reflexiona conmigo al sonido de las llantas rechinando sobre las vías del metro.

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