Viajar a traves del juego

Viajar a través del juego

Cuando se es niño no hay mayor placer que jugar. Celebrar la vida a través de los pasatiempos es una especie de felicidad y la mayor libertad de nuestra esencia.

 

Desde que nacemos vamos eligiendo un tipo de juego…¿Ser o hacer?. Antes que hacer sin duda somos un ser. La esencia con la que vivimos en este mundo define cómo será nuestra vida de niños, adolescentes y adultos aceptando el paso del tiempo.

 

Viví en una época dónde jugábamos en la calle, grupos de niños salíamos en bicicletas, nos reuníamos para perseguirnos unos a otros, por un rato cambiábamos de roles creando una especie de sentido de pertenencia e integración entre todos, éramos solidarios al sentir el dolor de los moretones y heridas de caídas provocadas por nuestra diversión. Mis padres me regalaron la libertad de jugar al aire libre.

 

Mi curiosidad por viajar comenzó con la lectura, viajaba a través de las letras, a los 7 años me imaginaba viviendo en mundos totalmente ajenos al mío. De día veía las nubes pasar sin importar el tiempo, y de noche observaba las estrellas e imaginaba volar y ver el mundo igual que lo hacía un pájaro. También la música me atraía y algunos sonidos de la naturaleza o ciertas melodías me teletransportaban a otros mundos e historias.

 

Mi amor al emprendimiento y a las ventas inició en forma también de juego, vendiendo pequeños vasos de palomitas de maíz qué mi abuelita hacía para mí y mis amigos. Era una niña curiosa, activa y ruda qué gustaba de rodearse de niños hombres porque me hacían sentir fuerte, prefería subirme a los árboles, jugar al balón y correr en dirección a cualquier actividad que ellos propusieran antes que jugar con muñecas cómo lo hacía mi hermana con sus amigas.

 

Nuestra plenitud y felicidad estaba marcada por la diversión y la libertad de ser antes que hacer.

 

Conforme avanzó el tiempo, fui eligiendo actividades que fueron marcando mi camino profesional así como mi personalidad. Influida por el entorno, mi gusto por la música, por la historia, la química y las matemáticas, mi camino fue guiado hacia una forma específica de ver la existencia. Entonces descubrí que aprender era un desafío permanente. Para mí, aprender idiomas siempre ha sido cómo comenzar un nuevo juego, entrar al mundo de una lengua extranjera es como mudarse de piel: con nuevas reglas y formas distintas de relacionarse, como si fuéramos personas diferentes.

 

A los 20 años, mi mayor placer era aprender de todo y de varias cosas al mismo tiempo. Cada periodo que he vivido he jugado diferentes roles. He usado máscaras ante mi familia y la sociedad; vivir falsas personalidades me han permitido enfrentar situaciones que indudablemente me han hecho una persona rica en experiencias buenas y malas. He perdido, he ganado y en el camino, he encontrado mi verdadero yo. Me he mantenido ganadora y he aceptado que todos jugamos un juego, una especie de partido de soccer o fútbol en el que siempre, invariablemente, hay que participar.

 

Veo a mi prima (la más joven de todas) quien a sus 23 años su personalidad ha sido influenciada por su niñez, buscando ser reconocida y aceptada para recibir atención dentro de la sociedad. Recuerdo que solía jugar con muchos amiguitos de su calle, jugaba con mi tía, mis primos y su hermano. Era la principal atención de la familia, rodeada de mimos y halagos por ser naturalmente bonita y de facciones finas. Disfrutaba desde los juegos de contacto como las atrapadas y luchitas, hasta con sus barbies.

 

Mi prima y yo somos como la noche y el día, a diferencia mía, ella acepta su lado más femenino. Los “juegos de niñas” la han hecho más delicada y le han sumado un gran amor al detalle, por eso mismo trata de cuidar su apariencia, la ropa se ha convertido en una especie de juguete nuevo en su vida. Tiene un estilo propio al elegir su atuendo, las combinaciones y sus contrastes. Usa la gran creatividad que la distingue en su vestimenta diaria, hace algunos ajustes por aquí y otros por allá y crea una maravilla muy a su aire en la costura hecha por ella misma.

 

Admiro también su forma de maquillarse, crea combinaciones de sombras, aplica paletas de colores en el rostro increíbles y sabe cómo difuminarlos. A veces se arregla únicamente para resaltar su belleza de manera discreta, otras para exaltar sus mejores rasgos si así se lo propone. Creo que ella maquilla sólo por el gusto de hacerlo. Y lo hace excelente sin haber estudiado cosmética, diseño de modas o algo cercano. Nos ha dado a mí y a sus mejores amigas y amigos, las mejores sugerencias de imagen personal, para sentirnos más seguros en nuestro día a día. Creo que desde pequeña ya llevaba en su esencia el gusto por el color, por las formas, pero sobre todo por la auto imagen y el concepto que tenemos de nosotras mismas cuando nos vemos y nos reconocemos.

 

Desde su adolescencia ha ido apartándose un poco de nosotras sus primas, de sus primos y hasta con varios de sus amigos ha dejado de convivir como antes; debido a sus gustos musicales le era difícil encajar con las personas de su edad pues la mayoría tiene gustos más convencionales en la música, por lo que su forma de diversión y esparcimiento se ha enfocado más en la música gótica o con variaciones y subgéneros de rock alternativo. Ella ha adquirido influencias y criterios diferentes por parte de amigos con pláticas más existenciales, temas mucho más complejos y ricos por explorar. Gracias al uso de redes sociales conectó con varios amigos virtuales a través de la música, y aunque intentó aprender a tocar guitarra, jamás aprendió a dominar el instrumento por la falta de paciencia y disciplina, o quizás porque ese no sea su instrumento, pero sin duda alguna mi prima tiene algo que la identifica: su gran sensibilidad a las cosas, a lo bello y sobre todo a la música que la conecta con el mundo y sus emociones más sutiles.

 

A veces disfruto verla patinar con su mejor amiga, me gusta ver que es feliz al maquillarse, al escuchar su música favorita, o al ser la primera en tomarnos fotografías cuando estamos reunidos en familia pues capta y retrata momentos inolvidables de un instante y de la vida misma. Tiene un ojo peculiar y enfoca su atención en los gestos u objetos que pocas veces nosotros percibimos.

 

Hace poco comenzó a trabajar en el sector de la publicidad y los medios digitales (nada más acertado que todo eso para lo que es buena), sin embargo, sé que ese es sólo uno de sus roles de vida. Nuevos caminos y varios retos le esperan; experiencias totalmente distintas. Quién sabe cuántas veces tenga que cambiar de piel nuevamente para seguir aprendiendo, vibrando y participando en este juego que es la existencia misma. Espero que lo haga como siempre, disfrutando de la vida.

 

¿Y tú has viajado a través del juego, del ocio y de los pasatiempos?

¿Te has perdido, reencontrado, y vuelto a buscar?

¿Cuántas veces has mudado de piel?

 

Dicen que para ser feliz hay que volver a casa: vivir y sentir a nuestro propio niño interior, el verdadero, ese que nace de nuestra esencia.

 

¿Tú qué prefieres, ser o hacer?.

 

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